Conoce el castillo de la serie Downton Abbey
¿Quién no conoce aún la tan aclamada mini serie ‘Downton Abbey’? y ¿quién no se ha quedado fascinado con su excelente escenografía? Pues bien, el tan admirado castillo de esta serie británica y propiedad -en la ficción- del Conde de Gratham pertenece en realidad  a  la familia Herbert, Condes de Carnarvon.
El castillo de Highclere se constituyó como la casa de campo de esta familia de aristócratas pero en 2009 dio paso más allá, y se convirtió en el escenario perfecto donde rodar los interiores y exteriores de la serie británica Downton Abbey, de gran éxito. Un reconocimiento que se encuentra abalado por seis premios Emmy y dos premios BAFTA en 2010 -entre otras cosas- a mejor dirección y un Globo de Oro  y un Satellite Awards en 2011 como mejor miniserie de televisión.
Downton Abbey engancha por su historia, guión pero sobre todo por su escenografía. Y es que esta serie dramática, producida por la compañía británica Carnival Films y basada en la obra original del escritor Julian Fellowes -quien fue galardonado en 2002 con un Oscar por su guión para la película ‘Muerte a la medianoche’ de Robert Altman-, ha conseguido que millones de espectadores de todos los rincones del mundo -incluido España- se teletrasporte una vez a la semana a la vida cotidiana del condado de Downton Abbey, en Inglaterra. ¿Los motivos?
Por su historia y guión, porque trascurre en 1912, año del suceso del hundimiento del Titanic. Un suceso que marcará la vida de la familia Crawley ya que su futuro heredero y único varón de la familia viaja en el transatlántico hundido. Tras su muerte,  la vida en el condado de Downton Abbey comienza a cambiar y se nombra como nuevo heredero a un primo lejano del conde, ‘Matthew’ encarnado por el actor Dan Stevens, cuya primera tarea será casarse con una de las tres hijas del conde.
Una época dura si se atiende al hecho de que la herencia no podía quedar en manos de una mujer, de ahí el trato. Y es que el conde Robert Crawley (Hugh Bonneville) y la condesa Cora Crawley (Elizabeth McGovern) sólo le quedan tres hijas: Mary (Michelle Dockery), Edith (Laura Carmichael) y Sybill (Jessica Brown-Findlay). Un vuelco de la fortuna que no agradará a nadie, en especial a la condesa viuda de Grantham (Maggie Smith), madre de Robert.
No obstante, las nuevas circunstancias que se plantean durante la primera temporada y por las que se darán a conocer las diferentes personalidades de los personajes, volverán a dar un giro a la historia durante la segunda temporada.
Una temporada que ya esta llegando a su fin en España -último capítulo el miércoles 25 en Antena 3- y que comenzó en mitad de otro momento histórico tan relevante como lo fue la Primera Guerra Mundial. Una guerra que producirá miles de bajas en un ejército formado por unos ciudadanos británicos que también tendrán que soportar una de las peores epidemias que asolaron el mundo, la denominada ‘Gripe española’. Aunque como decíamos no es sólo lo que se cuenta sino dónde.
Y es que la escenografía que se presenta en la serie ha maravillado a espectadores y críticos. La decisión de hacer del castillo de Highclere, una casa de campo victoriana de estilo isabelino, uno de los grandes protagonistas de la serie ha sido aclamada mundialmente. De hecho, tal ha sido su protagonismo que la dirección ha recurrido en varias ocasiones a grandes planos generales de los salones, comedores y habitaciones así como de sus jardines y terrazas exteriores. Incluso recurre en su cabecera de la serie a una panorámica del conjunto del castillo. Pero ¿qué esconde la realidad de Downton Abbey?
Pues unos 24 kilómetros cuadrados de terreno al sur de Newbury, en el condado inglés de Berkshire. Este castillo concebido como la casa de campo de la familia Herbert es además, la mansión más grande de Hampshire, situado en la costa sur de Inglaterra, Reino Unido cuya capital es Winchester. Una ciudad que dio nombre al palacio medieval construido sobre los mismos cimientos que ahora ocupa el actual castillo y que fue durante el siglo VIII propiedad de unos obispos.
En 1692, el castillo de Highclere se trasformó en una mansión clásica perteneciente a Robert Hervet, el segundo nieto de un abogado llamado Robert Sawyer, quién legó la mansión a su única hija: Margaret. Este nieto es el principal responsable de la gran colección de cuadros que hay en su interior y de la creación de los templetes del jardín. Más adelante, se el sobrino de Robert, Henry Herbert, sería nombrado ‘Barón de Porchester’ y ‘Primer Conde de Carnarvon’ por el Rey Jorge III.
Este primer barón es el autor de los maravillosos jardines del castillo situados en la zona occidental. El famoso coleccionista de semillas del siglo XVIII y amigo del conde, el Obispo Stephen Pococke, le trajo semillas de cedro libanés cuando vino de un viaje a Líbano. Unos árboles que aún se observan en él.
Sin embargo, la configuración del palacio se mantendría sin cambios hasta el tercer conde. Sir Charles Barry entre 1839 y 1842. Este arquitecto fue el encargado de reconstruir y remodelar el castillo al estilo ‘alto Isabelino’ cuya fachada en piedra de Bath es la que permanece en la actualidad. Recubrió las paredes y suelos de la casa con este nuevo estilo inglés de finales del siglo XVI y principios del XVII, con fuertes inspiraciones arquitectónicas neo-renacentistas y motivos italianistas.
No sólo desechó el que había sido el estilo tradicional y referente hasta el momento, el estilo ‘Tudor’ sino que Charles Barry se consolidó como uno de los máximos referentes en arquitectura neo-renacentista del siglo XIX.
De hecho, su estilo innovador se aprecia en las torres del castillo de Highclere, más ligeras y refinadas que las de la otra gran mansión de estilo neo-renacentista inglés de las Torres Mentmore construidas en la misma época, y que viene impregnadas precisamente por esos detalles de estilo italiano.
Pero el amor por la arquitectura continuó después de Charles Barry, y aunque las alas norte, este y sur estaban completadas para cuando murió, el interior del ala oeste todavía estaba lejos de completarse. Un ala que acabaría el cuarto Barón quien eligió al arquitecto Thomas Allen, que había trabajado con Barry, para supervisar los trabados del interior del castillo, completado en 1878.
Foto de JBUK_Planet
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