Munich, la tradición de una ciudad bávara

En el norte de los alpes bávaros se ubica una de las ciudades más proclives al consumo de ingentes cantidades de cerveza: Munich. La ciudad alemana fundada a mediados del siglo XII siempre estuvo ligada a la fabricación de la cerveza, debido a que le producía buenas ganancias económicas y por dicha actividad la ciudad ha sido conocida por todo el mundo. Así, visitar Munich y no probar la cerveza es hacer un viaje imaginario. Es evidente que los ciudadanos de Múnich tienen un apego por las tradiciones de su ciudad, por ello ha sido mundialmente conocida su máxima celebración: el Oktobertfest, una fiesta interminable amenizada por numerosos barriles de la espumante cerveza que empieza a finales de septiembre. La imaginación se vuelve realidad al observar a los muniqueses, vestidos a la usanza tradicional, de los bávaros beber jarrar repletas de licor y comer salchichas durante esta celebración y en donde los turistas pueden ser partícipes de todo ello.
Pero Munich no solo es el Oktobertfest, también es la vida cultural, la música, el teatro, las enormes colecciones de arte y todo lo cosmopolita que puede ser una ciudad de Europa. Con unos veranos cálidos en los que se puede disfrutar de espléndidos restaurantes y espectáculos al aire libre y con unos inviernos insertos en el frío que producen las escaladas de nieve que cubren de blanco la ciudad, Munich es un destino adecuado cualquier temporada, es también la atracción por el parque Olímpico, el mismo que fue construido para las Olimpiadas de 1972, y que es admiración por su fascinante arquitectura, y en el que se puede pasear en una bicicleta, un medio de transporte generalizado en esta ciudad.
El parque Olímpico es para todos, desde niños y padres que buscan aire libre a jóvenes y personas mayores que desean observar actos culturales y competiciones deportivas.
La ruta de Munich también puede cubrir sus tradicionales barrios como: el Schwabing, donde poetas y artistas hacían de la vida bohemia una necesidad imperante para la desbordante creación o el barrio de Glockenbachvierte, cercano al centro de Munich, en el que los bares, infaltables en quizá la ciudad más cervecera del mundo, y la gastronomía más diversa hacen gala, así como ambientes que recrean el típico ambiente bávaro que jamás ha sido dejado de lado por los habitantes de esta ciudad alemana que afronta la modernidad sin perder sus costumbres.
Foto | Dan..
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